lunes, 24 de abril de 2006

La Fiebre del Pinball

Hoy estoy un poco vago, así que he recuperado un pequeño artículo-ensayo en clave de humor que escribí para la revista Bola Extra en 2001:

Un día cualquiera de la hasta ahora tu anodina vida, paseando por la calle, navegando por Internet, leyendo el Hola o tomándote una Mirinda en el bar cutre de la esquina, eres tocado, contagiado, por la Fiebre del Pinball. Esta enfermedad, poco tratada en los libros de medicina, no tiene cura conocida, se está experimentado con técnicas de realidad virtual combinadas con pepitos de lomo con pimiento verde y cebollita, pero los resultado no acaban de llegar.

La Fiebre del Pinball empieza siempre igual: "anda, mira, no sabia yo que un pinball se pudiera tener en casa, pero este menda tiene uno y dice que es divertido" es el denominado técnicamente "beso de la muerte pinbalero" o, en vulgo, "la'scagado tío" . Los primeros minutos son básicos, o justo en ese momento mete un gol tu equipo de petanca o pasa por la calle una mujer de escote hasta el ombligo, sino llegará la siguiente pregunta "¿y si yo,,,?". Las defensas caen rendidas si llega la auto pregunta definitiva "¿ligaría yo mas si tuviese un pinball en mi cuarto?" La víctima es ya irrecuperable, ya solo le obsesionarán dos cosas, tener un pinball en el dormitorio y los bocadillos de lomo.

A partir de este momento, el perjudicado interfecto solo tendrá un objetivo en la vida, conseguir un pinball pasando por encima de quien sea. Los efectos secundarios son inquietantes, el sujeto empieza a rondar los recreativos, a hostigar a los encargados, a llamar a los operadores por teléfono para hacerles comentarios soeces sobre su forma de no-mantener un pinball en condiciones. Sus extremidades sufren un proceso metamórfico, se adaptan rápidamente al nuevo medio. Las manos se convierten en ganchos de acero, de una sensibilidad exquisita para apretar los botones y menear mesas, pero con una brutal fuerza inhumana para dar collejas al operador distraído cuando se agacha solo para sacar el cajetín de la recaudación.

En las primeras etapas de la fiebre, el enfermo se provee de un equipo de herramientas que se convertirán en extrañamente imprescindibles para él:

.- Monedas de 500 pelas y 20 duros, que le harán un extraño bulto en el pantalón, con la agradable consecuencia de que las mujeres le miran mas por la calle.
.- Cinta métrica, después de pasarse años diciendo que el tamaño no es lo importante, pasará a vivir con una cinta métrica de 5 m de longitud colgada de la muñeca, midiendo todo aquello que se ponga a su alcance, desde la paciencia del portero de la finca hasta la puerta del cuarto de baño, por si acaso.
.- Páginas amarillas y callejero, sobre todo la sección de 'máquinas recreativas' que llegará incluso a arrancar y plastificarlas para que se conserven mejor.
.- Teléfono móvil y tarjetas de presentación, que empezará a repartir por todos aquellos lugares que alguna vez hayan olido un pinball.
.- Internet, el zoco del siglo XXI, se sabrá de memoria todas aquellas direcciones donde se pueda encontrar un pinball en venta. También le servirá como lugar de encuentro con otros enfermos con lo que podrán hacer sesiones en grupo para la desintoxicación ("Hola, soy Pepe y soy un pinbalero"), aunque esto no producirá que la enfermedad remita, sino todo lo contrario, se hará mas virulenta, con el peligro añadido de nuevos contagios.


Llegados a la fase "Mami, quiero un pinball" el sujeto se convierte en un alma en pena, babeando ante cualquier pinball que se encuentre. Otros efectos que se han detectado es que deja de tener sueños húmedos que son sustituidos por orgías de pinballs. Una de las pesadillas que mas se repiten en los expedientes estudiados, es la de aquel que le ofrecen la oportunidad de salvar un solo pinball de los 50 que se van a desguazar siempre que se lo lleve antes de 5 minutos, el individuo termina por llevarse arrastrado como puede el pinball mas cutre y estropeado que puede encontrar. Convertido en un desecho, en un despojo de nervios, solo le queda una cosa por hacer, adquirir un pinball. Para ello mentirá "de verdad que ocupa muy poco", prometerá y jurará en falso "ya veras! Te dejaré jugar y además es muy útil, incluso sirve como tabla de planchar" y se convertirá en un ser inaguantable para los que le rodean. En este punto, solo hay una opción de recuperarle para la sociedad, DEBE tener un pinball, solo de esta forma podrá volver a ser algo parecido a lo que era antes.

Aunque los estudios no son definitivos y no todos los sujetos sufren las mismas etapas, se puede afirmar que la línea de comportamiento es muy similar, con grandes cambios de ánimo y de comportamiento según va avanzando la enfermedad.

Después de la fase, "mami, quiero un pinball", suele llegar la de "¿qué pinball quiero?" Hay enfermos que superan esta fase con cierta falsa facilidad, la obsesión les bloquea el cerebro. Francamente perjudicados mentalmente solo son capaces de pensar en un modelo o en una marca en concreto :"quiero una Inder, quiero una Inder" o "viva JP!". De caer el individuo en esta obsesión, mejor pegarle en tiro en la nuca para acabar con el sufrimiento, según van pasando las fases terminan desarrollado un humor negro negrísimo. Pero generalmente el pinbalero en sus primeras fases, no muestra una preferencia muy marcada sobre algún modelo o marca, si la máquina tiene bolas y se enciende, ya le sirve. De todas formas pensará, pensará y mucho. Utilizará sus 5 neuronas habilitadas (dos para controlar los flippers superiores, dos para controlar los inferiores y la 5ª para meter la moneda) para documentarse, hacer llamadas telefónicas a otros pinbaleros, incluso para escribir e-mails. Hará listas de posibles, listas de imposibles y hasta listas de boda,,, pronto será tal su confusión, que su vida de diario se verá afectada, llegando a ser incapaz de tomar cualquier tipo de decisión. En esta fase mejor que el pinbalero no conduzca, pues se quedará embobado mirando como cambian las luces de los semáforos mientras pulsa las palancas del chorrito del limpiaparabrisas y de las luces largas.


De no ser el pinbalero en cuestión un rico bastardo, llegará la fase "¿A quien tengo que matar para conseguir el dinero?" Esta fase es especialmente peligrosa para los amigos, la Extra de Navidad y los ciegos que piden limosna por la calle. Con pocos o ningunos escrúpulos, el pinbalero perturbado llegará a dejar de fumar, aparcará a la novia, venderá la abuela a los tratantes de blancas, malvenderá su entrada para el final de la "chapions" e incluso llegará a ponerse a trabajar!!.

Reunidos los dineros puede llegar la fase llamada de irrealidad o "¿por qué me voy a conformar con uno pudiendo tener 235?". A parte de determinar fehacientemente que la enfermedad ya no tiene remedio, en este momento los efectos alucinógenos que sufre el pinbalero se pueden llegar a confundir con los por los provocados por el ácido o LSD. Para prevenir consecuencias de carácter Penal, es mejor que se le encierre en una institución psiquiátrica con tratamientos de chorros de agua fría y evitando los de electrochock, nada de electricidad ni de lucecitas que le podrían confundir mas. Hay que convencerle que con uno para empezar se tiene suficiente, que se debe esperar a tener unos meses de experiencia para tomar la decisión de incorporar nuevos miembros a la familia.

Otra de las fases que pueden aparecer es la de negación o prudencia, "¿paraquecoño quiero yo un juguetito?". Aunque parezca que la enfermedad remite, solo es una falsa sensación. Es el "Miedo a conseguir lo que se desea" lo que afecta de esta forma al paciente. Quizás durante unos días aparque su obsesión, la aísle en su cerebro junto con los capítulos de "Los hombres de Harrenson", pero al igual que estos, bastará con oír la musiquita característica para que la Fiebre vuelva a dominar su cuerpo. La Fiebre nunca desaparece. Este miedo no es totalmente infundado, un pinball es una gran máquina, no es como comprarse una video-consola, es más grande y requiere de un mantenimiento que infunde terror a los no iniciados. Realmente el mantenimiento de un solo pinball no es muy complicado, pero la gran cantidad de cables, bobinas y circuitos puede asustar a cualquiera. El pinbalero es una persona valiente y sin complejos, se cree, y lo es, capaz de cualquier cosa, no se deja influir por los comentarios pesimistas de los operadores y técnicos "eto er mu difícil, habrá que cambiá too y eso no e barato".

La fase de "lokura total" llega después de que el pinbalero haya ya decidido que pinball quiere, tenga el dinero y haya contactado con el vendedor. Extremadamente dañina para la enfermedad, es la única posibilidad de curación que queda. El pinbalero se enfrenta a los clásicos problemas de logística. Si la operación se realiza entre particulares, estos problemas se acentúan. Es cuando la cinta métrica y la paciencia de los vecinos se hacen imprescindibles. El pinbalero medirá cada rincón de su casa y del edificio en el que vive aproximadamente 4,35 veces de media, se han dado casos de marcos de ascensor desmontados varias veces en una sola semana y puertas quitadas de sus goznes en repetidas ocasiones. Se habla incluso de un pinbalero que, para hacer las pruebas pertinentes de introducción, construyó un pinball a tamaño real pero sin circuitería (incluso hizo unos dibujos con aerógrafo muy logrados en el mueble) que luego rellenó con piedras para darle peso. Pero estos son casos extremos, generalmente, aunque muy nerviosos, en esta fase son pacíficos, se limitan a medir y a comerse las uñas.

Si se requiere de una compañía de transportes, llega la fase "soy un parias y me están timando" provocada por lo mal vistos que están los pinbaleros en el gremio. De hecho se de buena tinta que ciertas compañías, como UPS o MRV, mantienen una lista negra con nombres de conocidos pinbaleros y que se niegan sistemáticamente a transportar cualquier tipo de paquete que se parezca sospechosamente a un pinball (dejaron de transportar féretros por dicha razón, los pinbaleros llegan a ser muy ingeniosos).

Existe una fase, durante la cual el pinbalero puede llegar a convertirse en un ser realmente peligroso y violento. La llamada "Mecagoensuputamadre" aparece si la operación resultara fallida. Todo la tensión acumulada durante la fase de planing sería trasladada al objeto o persona más próxima. Es un momento realmente triste y durante el cual es ideal que se le ponga a su alcance aquellos objetos a los que se tienen un especial odio, como el cenicero recuerdo de Torremolinos, o la reproducción a escala de la torre Eiffel que se encuentra encima del televisor. Esta fase dura hasta que aparece una nueva oportunidad de adquirir un pinball.

"Pero que he hecho yo para merecerme esto" es una de las últimas fases y suele tener poca duración. Abarca desde que el pinbalero recibe la llamada del vendedor confirmándole el envío hasta que el pinball queda perfectamente instalado en el lugar de destino. Sin uñas ya, el pinbalero en esta fase sufre un curioso fenómeno consistente en no ser capaz de evaluar en su real medida los posibles problemas que puedan aparecer. O sea, que le parece igual de grave no saber que propina es la adecuada para el transportista como que tenga que subir 120 kilos a pulso veintidós pisos por que el pinball no cabe en el ascensor. Por supuesto tampoco es capaz de encontrar las soluciones, sean sencillas o no. Fue muy comentando en el mundillo el caso aquel del transportista que tuvo que arrear dos soplamocos para calmar al pinbalero histérico por que era incapaz de quitarle el capuchón al bolígrafo para firmar el resguardo. Para evitar este tipo de situaciones es muy recomendable unas copitas de orujo y unos padrenuestros. No está de más que el pinbalero se tatúe en el pecho el análisis previo de cómo se debe subir el pinball, tiende a olvidar las soluciones pensadas con anterioridad.

"Gracias Dios mío!" o fase religiosa es la llamada fase de contemplación y emoción. Una natural consecuencia de meses de nervios y tensión es romperse a llorar cuando por fin se ve el sueño cumplido. No se avergüence de esas lágrimas, querido pinbalero, todos aquellos que hemos sido contagiados por la "Fiebre del Pinball" hemos pasado por ello, y no nos cuesta, en círculos íntimos, reconocerlo. Esta fase dura de dos a tres horas, durante las cuales el sufrido pinbalero se sitúa enfrente de la máquina y, en posición de rodillas o fetal, contempla lo que a partir de ese momento marcará su existencia de por vida, Su Pinball.

Una de las últimas fases es "Jodida máquina, te voy a fundir aunque sea lo último que haga". La consecuencia más evidente es el incremento de la factura de la luz. La enfermedad está en pleno apogeo, el dañado solo vive para jugar y limpiar su pinball, operaciones que alterna durante todas sus horas libres y las que roba de sueño. La media de horas diarias empieza con 5 horas durante la primera semana que va descendiendo según pasan los días, estableciéndose en dos horas en el segundo mes. Durante esta fase puede reaparecer la de "¿por qué me voy a conformar con uno pudiendo tener 235?", aun es pronto para tomar esta decisión por tanto se debe aplicar las soluciones antes mencionadas. El pinbalero es feliz, lleva una foto de su pinball en la cartera que enseña hasta al conductor del autobús cuando le pilla con la guardia baja. En esta fase los más perjudicados son los vendedores de repuestos que sufren técnicas de acoso y derribo a base de llamadas telefónicas, e-mails y apariciones en directo, para defenderse los dependientes suelen utilizar perros de presa y bolas oxidadas.

A partir de aquí, la tendencia habitual es que la enfermedad remita, que no desaparezca. Como ya hemos dicho, la "Fiebre del Pinball" no tiene cura, pero entra en una fase intermitente donde los efectos ya no son tan evidentes, aun así, el pinbalero ya nunca volverá a ser el mismo, buscará continuamente juntarse con los de su propia especie apelando a la necesidad de estar con los iguales para intercambiar experiencias, vanagloriarse de las últimas conquistas y comparar tamaños. Después de reuniones de la manada, el virus puede volverse mas violento, pero hay que confiar en la experiencia del pinbalero para controlar la situación. Se han estudiado varios casos en los que el pinbalero ha conseguido llevar una vida semi normal, pudiendo llegar a ver partidos de fútbol en la tele o ir de cañas a un bar que no tuviera pinball.

Si usted, querido lector, no es un infectado por la "Fiebre del Pinball" sino que es un damnificado familiar o amigo, y tiene algún interés real en curar a su allegado, no pierda el tiempo con técnicas como el Yoga, el Tai-Chi o la meditación Zen, se han demostrado completamente inútiles. Las drogas tipo Prozac o Valium pueden crear la falsa sensación de que la enfermedad remite, no se confíe, pronto dejarán de hacer efecto. Tampoco cometa el terrible error de cómprale un pinball de los llamados de juguete, de imprudentes está lleno el cementerio. La única forma, el único método que hasta ahora se ha demostrado efectivo, es ayudarle a conseguir sus objetivos, hacerse su cómplice, ganarse su confianza. El enfermo se encuentra con sus facultadas mentales mermadas, no puede pensar con claridad, debe usted ayudarle. En próximos capítulos le mostraremos como puede usted apoyar a su ser querido haciéndole ver la puta realidad que le espera. Ante todo, tenga fe.

RanXeroX Junio/2001

1 comentarios:

miguel dijo...

Ya lo habia leido en su dia y varias veces despues, pero no he podido evitar hacerlo de nuevo. ¡¡¡¡¡Me descojono!!!!!!